Perdonar y pedir perdón

Tu perdón de ahora puede proteger de la rabia insana a futuras generaciones.

Las relaciones que no se perdonan tanto mutuamente como a sí mismos, pueden cargar durante toda la vida con los errores cometidos; llevan el riesgo de quedar muy resentidos tanto con el género opuesto como consigo mismos. Con ello impiden no sólo una nueva relación, sino también ensombrecen la relación con los hijos. Al ser capaces de perdonarse se alivia el espíritu y se permite una mayor ligereza de vida, de pensamiento y de sentimiento, haciendo más fácil y llevaderas las próximas experiencias.

Una relación ideal es aquella en la cual los participantes están en constante superación personal, son las mejores personas para si mismos y por ende son el mejor regalo para la contraparte. La sensatez y la prudencia, la individualidad, la espontaneidad, el buen humor, el juego, la aventura y la fantasía son elementos fundamentales de la felicidad conyugal y del bienestar personal.

Quien no se libre de los sentimientos de enojo y decepción, está imposibilitado para fluir limpiamente con sus sentimientos. La ira o el rencor que nos deja un mal amor dañan principalmente a quien los posee, estos sentimientos no perjudican para nada a la persona hacia quien van dirigidos. Lesionan y afectan a quien los produce. Los resentimientos, los temores, las inseguridades, las desconfianzas y el miedo causan estragos en cualquier relación. Al más templado le resulta difícil aceptar una infidelidad, una deslealtad o un engaño. Para perdona, realmente es necesario llevar a cabo algunos pasos. En primer lugar ha de haber disposición para aclarar o arreglar la situación. Luego hay que pensar creativamente la mejor manera de llegar a una solución. En seguida, buscar el momento más adecuado para hablarlo con calma y tranquilidad, sin interrupciones y con ánimo de resolver el conflicto. Una vez frente a frente disponerse a escuchar con paciencia, buscando comprender los motivos del otro. Después, exponer nuestras razones y llegar a un acuerdo con el firma propósito de evitar obrar así. Conseguir esto con alguien quien no es respetuoso es prácticamente imposible, por ello a veces es preferible alejarse sin confrontaciones ya que no se puede esperar madurez de alguien que no la tiene, como dice el dicho, no se le pueden pedir peras al olmo. La madurez es necesaria para ofrecer el perdón y para trascender un estilo de vida nocivo.

El perdón libera de la ira y permite restaurar la habilidad de mantener relaciones cercanas, agradables y de crecimiento con los demás.

La gran mayoría de los problemas con los cuales luchamos tienen su raíz en la niñez y fueron causados por personas cercanas a nosotros. Cuanto más queremos y necesitamos a una persona, tanto más nos pueda lastimar, amargar y llenar de resentimiento. Cuando nuestras emociones son lastimadas se detiene el crecimiento emocional y nos afecta porque nos volvemos incapaces de establecer relaciones afectivas sanas y sensatas. Nadie pasa por la vida sin ser lastimado por otros, el mundo está lleno de hombres y mujeres que reaccionan como niños inmaduros, algo frenó la madurez emocional. Sanar las emociones es el camino para restablecer nuestras relaciones y vivir feliz. Todos hemos sentido el dolor, una llamada de atención desconsiderada, un chisme o una mentira nos hace daño.

Aunque parezca imposible la mejor manera de sanar es perdonando a la persona que nos haya lastimado.

 

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